Desde hace dos meses decidí cambiar el rumbo de mi vida y me aventuré a salir de mi área de confort (la casa de mis padres) porque ya era hora y la modificación de mi sola existencia era inminente.
Cómo quien dice «ya estoy vieja para la gracia» (estoy pisando los 40, gracias) Así que, en dos maletas y un maletín de mano resumí como todo el que emigra, mi vida, mis sueños, mi música, mi yoga y mis recuerdos más gratos que compartí con mi familia.
Claro está, que podría escribir una tragedia griega/venezolana/culebrón acerca de mi travesía de dejar mis espacios y de cómo lloré en las primeras mil vídeo llamadas que le hice a mi madre, pero a ver ¿quién quiere leer más de lo mismo?
Somos millones de personas que han cruzado el charco, se han metido en una habitación a vivir con gente que no conocen y en un juego de azar, no sabes si vas a compartir un espacio con una casera bipolar o si vivirás en el edén y para llegar de un punto a otro, tendrás que pasar 45 minutos en el metro, agarrar un tren, dos lanchas, un caballo y listo.
Cabe acotar que dentro de todas las experiencias que estoy viviendo dentro de mis días, rutinas y descubrimientos. Termino por realizar mi vida al compartir un espacio perfecto o lo que llamamos «el nidito de amor» mi mayor aventura, mi alegría, mi paz y mi hogar junto a O. Pero eso, lo hablaré más adelante.
Todo es una sorpresa, estoy en el país que inventó el show del «Juego de la Oca» y el día a día es así, lanzas un dado imaginario, das los pasos que te tocan dar y cumples con la misión del día.
Así que en los 60 días que llevo «jugando» estas son las cosas que he aprendido, descubierto y con las que he llorado, reído, amado (especialmente amado)
Mi propia lista va así
– Lavar ropa y colgarla para que se seque, en pleno invierno te recuerda que no hay amor más cálido que la secadora en la casa de mis padres.
– El aguacate de aquí es un limón feo, un insulto al nuestro. Me negué a comprarlos (mi orgullo y arraigo, no me lo permiten)
-Caminar por la calle a las 3am sin tener que voltearme cada dos segundos e ir rezando el rosario, no tiene precio.
-Ir a los museos me emocionó más que ir al mercado ¡Cultura gente, cultura!
– Las sábanas no las venden por tamaño, sino, por medidas. Lección aprendida Ikea.
-La lloradera de «comerse una arepa» solo aplica si lo haces en la calle, porque la viveza criolla es un cáncer y te las quieren vender a precios insólitos.
-Bañarse con una ducha inalambrica es lo más incómodo del mundo, es hacer malabares entre el shampoo, el jabón, el enjuague mientras te bañas. No hay nada como una regadera.
-Aunque hablamos el mismo idioma, no nos entendemos la mayoría de las veces. Un «Lost in translation» constante y además, consideran que todo lo que dices es gracioso (encantador y a veces, frustrante)
-Las tiendas de ropa de segunda mano son lo máximo.
– Puedo comprar discos de vinil y ya hemos comenzado una colección mutua. Si eso no es amor, nada lo será.
-En mi primer empleo fuera de la capital, experimenté mi primera nevada (lagrimita)
-Jamás había sido tan feliz en mi vida.
CORNELIA AMOR @Cornelia_Amor