Corneliadas: Skills,Coronavirus y Cuarentena


No es secreto para nadie ni para nada que después de muchos años he dejado el nido, un rincón en el que viví muchas cosas. Errores, ganancias, aprendizajes y pérdidas. Arrepentimientos, muchos de ellos, lo cuáles de alguna manera u otra me trajeron hasta aquí, hasta este momento y a escribir en la mitad de un insomnio obligado.

Después de varios meses de lentitud y pegadez personal, finalmente, consigo un empleo. Uno que requiere de la máxima paciencia, nivel monje tibetano en estado máximo de iluminación. Ser monitora de un campamento en las afueras de la ciudad y (como por no dejar) hablando en inglés desde que me levanto hasta que me despierto. A niños de 9 y 10 años… Casi nada.

Las responsabilidades variaban, entre las comidas a los niños alérgicos a lo que fuese hasta resguardar su seguridad, al montarlos en la tirolina, enseñarles a tomar un arco y flecha, subirlos a lo que llaman aquí, el «multiaventura» y además, entretenerlos con juegos. Sumado a hablarles en otro idioma y saber que el 99.9% de las cosas, ni las entendían.

Pasaban los días en los que dormir era un privilegio, compartía un espacio lleno de literas con 10 personas más y que la primera noche, casi me voy de boca al piso porque creía que estaba en mi cama con mi amado a mi lado…

La gravedad y mi pierna buscando el piso me recordó que estaba «durmiendo en las alturas», menos mal no seguí de largo (Literalmente). Así fueron 5 días, de corredera, de echarle ganas, meterle el pecho, respirar profundo y simplemente, seguir porque de esto dependían muchas cosas. Mi inspiración me espera en casa, con eso me basta.

Y la promesa personal se cumple, consigo el empleo quedando fija en el grupo de monitores. La noticia me hizo llorar por dentro, acepté sin pensarlo. La luz al final del túnel se hizo más brillante, más cercana.
El orgullo del logro compartido y O. sonriendo felicitando mis horas bilingües y laborales.

Llega el fin de 5 días de nevadas, de correderas, de rezar porque el niño iba seguro en la tirolina y no directo a la muerte. O me busca en la estación del metro y soy el trapito de mis objetivos logrados. Llego a casa, me desplomo en cama, O cuida de mi sueño para luego, irnos a celebrar con un par de cervezas. Un par de horas de cuentos, risas y bostezos. Me toma de la mano y como un buen walking dead, me trae a casa, me duermo en sus brazos. La felicidad es plena y compartida.

Pero los guionistas del destino vienen cargados de humor negro, y en cuestión de 72 horas, se decreta un paro nacional, el Coronavirus llegó a la ciudad, nadie sale, nadie entra. Un rosario desafortunado, llegué un viernes a casa, pase el fin de semana en  estado de inutilidad. O, se encargaba de lavar mi ropa para irme de nuevo a trabajar, el miércoles.

Luego, el lunes comienza el declive del fin del mundo. Primero suspenden las clases escolares, las universitarias y del trabajo, no dicen nada…
Amanece y es martes, despierto con la noticia de «suspendido el campamento, hasta abril»… Reír para no llorar.
Suena a chiste cruel pero la pandemia es real, estoy laboralmente en pausa gracias a un virus maligno que azota al universo, ni los aliens están a salvo.

No queda de otra que quedarnos en casa, compartiendo desde películas, meditaciones, yoga, conversaciones eternas, música y mi mal humor va montado en escoba.

He desafiado la paciencia de O, del universo y la mía. Los compañeros del piso están que escalan las paredes del pasillo, el telediario de fondo y nosotros, añorando el silencio.

Es curioso el rol que juega la libertad en estos momentos, en un instante puedes estar feliz porque tienes un empleo, el futuro pinta de lo más lindo y en un segundo, eres parte de la película «Contagio»
Situaciones llenas de aprendizaje, de crearse teorías del caos (los chinos vienen por nosotros, lo sé) de la revalorización de las cosas sencillas, de estar en el 1er mundo y darte cuenta que la estupidez humana también es una pandemia.

Asnos babilónicos diría mi abuelo.

Mi inmigración es un standup, lo juro.

CORNELIA AMOR/@Cornelia_amor

Sam Cooke la Voz del Cambio

Existen voces que perduran en el tiempo, cuyos tonos se tatúan en lo más profundo del ser  quedándose eternamente en el inconsciente de quien los escucha por primera vez, un coro hecho a la medida de los sentimientos que evoca el góspel, R&B, Soul Music, el Blues y el color más puro y elevado de lo que una nota, sostenida, sentida y engalanada, entona el gran Sam Cooke.

Una escuela musical cuyas materias son sencillas y complejas. Es uno de los tantos sonidos del amor, del corazón, de las almas rotas, las ánimas que se reconocen dentro del disco de vinil, la aguja que hace que suene, es la misma que se clava en el tímpano y una vez que penetra los sentidos, nunca nada será igual.

Nada sonará igual.

Porque Cooke suena a un primer beso, a una lágrima, al encuentro no planeado del amor verdadero y perpetuado, a sueños, a suspiros entre los labios, al reflejo en la mirada. Como un buen vino que se desnuda sobre el paladar, a un baile con la soledad. Es la arritmia, la fiebre y la cura.

Su historia es tan inconclusa como poderosa, es un eco que se repite a través del tiempo haciendo de él, un ser único, de esos que no se repiten, La nobleza de su integridad con el tiempo se volvería una total amenaza para las grandes disqueras, para los sedientos de poder, para los resentidos y especialmente, para el gobierno.

Sus comienzos musicales se remontan entre canciones de góspel, los domingos en la Iglesia entonando los himnos y dándoles a cada uno de ellos un hermoso color que solo podría nacer de su garganta, de sus intenciones y de sus sueños de grandeza.

Creador y autor de su propio destino, en un giro sin precendentes logra posicionarse con un tema, escrito y compuesto por si mismo, “You Send Me” el cuál logró  el #1 de Billboard’s Rhythm & Blues Records chart y en el Billboard Hot 100.

No solo es un gran tema, fue también un gran paso para él y para muchos de los artistas que luego le precederían. Con este éxito bajo la mano, tiempo después es invitado a presentarse en el Show de Dick Clark, si,  el mismo donde debutarían luego Iggy Pop, Prince, The Beach Boys y hasta Madonna y una vez más, hace un enorme salto hacia la fama, a pesar de las amenazas del Ku Klux klan a la televisora, Clark y el propio Cooke para que el artista afroamericano no se presentara.

Para Sam Cooke el cielo era el límite, en una época en la que el color de piel era de suma relevancia. Tanto así que, decidió no presentarse más en lugares en donde la discriminación reinaba. Sin importarle lo que los grupos de la extrema derecha racista pudiesen hacer.

Comienza entonces, con la construcción de su imperio. En la creación de un espacio en el que hombre negro tendría las mismas oportunidades que cualquier blanco, pues, más allá de ser un increíble cantante y compositor, era también un empresario. Hombre de negocios que abonaría el camino para otros, hacia el éxito y hacía el derecho a ser tan grandes como sus sueños.

Tan grande como el cielo, tan sabio como nadie y aunque sea un secreto a voces, fue el fundador de su propia disquera, la nada más y nada menos que SAR Records, la pequeña mina de oro. Cuyo lema sería “que cada uno de los artistas que yo tenga, tengan tanto éxito como el que yo he alcanzado”

Un corazón tan grande que no le cabría en el pecho.

Se rodea de personas cuyas voces conformarían un poderío amenazante, pues el cambio que esta por suceder sería inminente. Su amistad con Muhammad Ali (Cassius Clay) Malcolm X y el jugador de fútbol americano, Jim Brown fue para muchos, una alerta roja que debería ser silenciada sin importar el costo.

Cabe acotar que de este valeroso cuarteto dos de ellos, son asesinados con un año de diferencia. Para los gobernantes racistas y empresarios segregacionistas, esto era simplemente intolerable. Un hombre de color jamás podría llegar a tener los mismos derechos que ellos, pero ¿quién podría silenciar la música?

Malcolm fue el teórico, King el ejemplo, Alí la figura y Sam la voz.  De los 4 solo el más famoso, el más mediático no fue asesinado y el de Sam pareció ser muy simple, una teoría del caos, una conspiración sin pies ni cabeza. En la que la premisa de un Sam Cooke, ebrio y agresivo secuestra a Lisa Boyer a una mujer asiática y trabajadora nocturna, Lisa, la lleva a un hotel de mala muerte para terminar siendo asesinado por una mujer negra que, de tres disparos acaba con la vida del cantante.

Tenía tan solo 33 años.

Un “homicidio justificado” le dirían en la corte, dejando impune a Bertha Franklin, la mano asesina tras el gatillo, mientras que una asiática es presuntamente secuestrada. Muchas “causalidades” obvias que no tildarían tal crimen como algo racial, ni hombres ni mujeres blancos. Solo personas cuyos linajes para el momento, eran una minoría.

“Todos se parecen” dirían los extremistas.

Pero solo el cuerpo de Cooke deja este plano, pero su música permanece inmortal en el tiempo. El padre creador del Soul Music, título que comparte con el maravilloso Otis Redding. Abrió la brecha para otros grandes artistas como: Marvin Gaye, Aretha Franklin, Stevie Wonder, Al Green. Dándonos a nosotros, los amantes de este género horas y horas de polifonías.

Temas como “Bring it home to me” “Cupid” Evereybody loves the cha cha” “What a wonderfull world” son romanzas perfectas. Alguno de ellos, versionados por artistas más actuales como, Amy Winehouse.

Para nosotros es un honor extender un día más el Black History Month rindiendo tributo a un gran músico y compositor, Pero sobre todo, a un hombre íntegro.

A change is coming, Mr.Sam Cooke.

DANIELA ALAYETO

Historia de dos conserjes

Érase una vez al pie de un edificio de lo más bonito, como a eso de las 4:14pm se encuentra Anacleta y su fiel confidente Magdalena.

Anacleta como siempre dándole a la lengua y a la chancleta, mientras barre las mismas hojas secas suspira y solloza.

Anacleta:

Ay Magdalena si tu supieras que la.vecina la del piso de arriba, no me deja ver la novela.

¿Y eso por qué, mana? Pregunta Magdalena con la boca casi choreta.

Anacleta:
¡¿Y por qué más?! Porque la vida de ella es mejor que la novela. Me deja perpleja todo lo que a ella y al marido le pasan.

Magdalena, extrañada y chupando tamarindo como loro y parando la.oreja. Pregunta

Magdalena:

¿cómo así?

Anacleta susurrando a grito pelado:
Es que a ella la plata no le alcanza y al maridito no lo quieren en su casa, no les da para comerse una hallaca, una cachapa o una arepa recalentada.

Magdalena abre los ojos como una parapara, mira al cielo y como us destello, dice:
¡Por San Juan que te lo da! ¿A dónde irá a parar tanta desigualdad?

Anacleta aprovechando la faena, brinca en un pie y comenta:
Y eso que yo una vez por buena gente le brinde un café, ¿y tú puedes creer que después de darme las gracias, no brindó siquiera un té?

Magdalena abre y la quijada, se queja:
Menos mal Anacleta que en este mundo hay gente buena ¡como tú, como yo! Que ayudan y pasan factura.

Anacleta dándole a la chancleta, hace con la garganta un «mmmmmjmmmmm» mientras barre las mismas hojas secas.

Magdalena con el dedo metido entre muela y muela como niño que come vaca Vieja, salibea y pregunta:
¿Y alguna vez se lo has dicho, Anacleta?

Anacleta le da al cepillo y revienta
¿Tú estás loca, Magdalena? Tú bien sabes que no soy de esas, yo voy a misa los domingos, me confieso con el Padre Amareto y salgo derechita a mirar el techo, ahora que sea el de la vecina, es otro cuento.

Magdalena, cambiando de malo y de muela dice, llena de pena ajena:
¡Un padre nuestro por tu buen corazón!

Ambas se miran y en un acto de contricción, se dan golpes de pecho.

Anacleta prosigue en su melodrama y dice de mala gana:
Cada vez que la mujercita por enfrente me pasa, yo digo lo que como en casa. Un chorizo en salsa, un guiso con arroz, panquecas de dos pisos, cuatro tazas de fororo. La caja del clap y la harina pan,  ¡nunca me faltan! Tengo el buche a reventar, como queso y como pan… Pero el café ¡que va! A mi nadie me lo va a brindar.

Magdalena a punta de un infarto, se pone la mano en el pecho, saca un pañuelo y se pone a llorar.

A moco suelto le dice a su amiga:
¡Ay Anacleta, el cielo te espera!

Anacleta.envalentonada, sigue tejiendo su telaraña:
Y mira chica, ella como si nada. Mira al piso y sigue de largo, espera el ascensor, se monta y me dice «un buen día, Sra mía» ¿acaso se cree mejor que yo? Me aguanto y no le doy.

Magdalena, la mira entre ceja y ceja, diciéndole a su par:
Yo que tú le dejo de hablar, es que ni la vuelvo a mirar, le corto el agua, el gas y la luz. Hasta que aprenda esa sinvergüenza que hay un Dios que todo lo ve.

Anacleta se acomoda la chancleta y por un instante se lo piensa, mueve el bigote de lado y lado. Un grano en la frente se le revienta, cuando ve que por la vereda viene la vecina que tanto la enerva.

Dice entre dientes
Voltea y disimula mula, hay viene la fufura con sus ínfulas de grandeza, con su boca de color cereza y de seguro ¡hedionda cerveza!

Magdalena hace del celular un retrovisor y dice:
Valgame Dios.

Anacleta mete la panza, sacá el pecho y se acomoda los cuatro pelos.

La vecina pasa al edificio y dice sin compromiso
«Buenas tardes, ¿cómo están?

Anacleta pega un leco
Hola vecina, tan bonita que se le ve ¡de seguro se tomó un café!

Magdalena se pega en la fiesta:
De seguro fue aguarapado y hasta brindado.

La vecina frena en seco, da un paso atrás y pregunta
¿Algún problema Doña mía?

Magdalena y Anacleta le empiezan a temblar las piernas, se tartamuedan y entre ellas, tropiezan
¡NAAAAADA! Dice Magdalena
Ni una sola cosa dice Anacleta.

La vecina calla y mira, por un instante nadie respira.
Es que cada vez que por aquí pasó, un comentario siempre alcanzó, pesco en el aire tanto odio en mi contra y todavía no me explico si algo le hice yo a usted. Mi marido le causa urticaria y eso que ni le habla, pero luego, me calmo y me digo «las indirectas la dicen las perras viejas» ¿no?

Anacleta y Magdalena asientan con la cabeza, ¿que de otras le queda?

La vecina sonríe y sigue, se monta en el ascensor y con la mano le dice, adiós.

Las dos amigas se miran y para romper el silencio, Anacleta dice
Estuve a puntito de decirle lo del café, pero tengo tanto que hacer.

Magdalena cerrando la quijada
¡Es que yo lo sé! Que se lo cobre ese Dios que todo lo ve.

Anacleta:
¿Vamos por un guayoyo?

Magdalena:
¡Pero que no sea de agua de chorro!

Anacleta:
Esta bien, yo te preparo mejor un té.

Anacleta recoge las hojas secas, agarra la escoba y pala, se va chancletando con su amiga Magdalena, caminando por la acera sin le dice a Anacleta

¿Te conté la última del jardinero? Le regale un cecinero y todavía no me lo ha devuelto.

¡Ay Anacleta, eso te pasa por pendeja!.

Moraleja:
Siempre hay alguien que de todo se queja.

CORNELIA AMOR @Cornelia_Amor